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Antiguo pueblo de pescadores Rahnsdorf

Pescadores y barqueros

Nehmen Sie Platz auf der wahrscheinlich kleinsten Fähre Berlins. Und vergessen Sie zwischen Wasser und Wäldern, dass Berlin Weltstadt ist.

Con sus calles empedradas bordeadas por viejos castaños y sus edificios con siglos de antigüedad detrás de vallas de hierro forjado, todo es tranquilo en el antiguo pueblo de pescadores y sitio patrimonial de Rahnsdorf. Perfectamente situado en la desembocadura del río Spree en el Müggelsee, es el lugar perfecto para hacer una escapada, no solo para los berlineses.

Pueblo de pescadores desde hace más de 500 años

Rahnsdorf forma una herradura alrededor de la iglesia del pueblo, que se puede ver fácilmente desde el Müggelspree. Se documentó por primera vez como asentamiento eslavo en 1375. Unos 100 años después se autorizó la pesca en la zona y sigue autorizada a día de hoy. El pescador Andreas Thamm va cada día a las 05:00 al Müggelsee desde hace 35 años. Los fines de semana de verano, calienta el horno de ahumar y venda su pescado fresco a los excursionistas. En el menú hay anguilas, truchas y carpas.
No muy lejos de este puesto de pescado ahumado se encuentra el muelle del ferry manualF24. El barquero rema 36 metros para cruzar el Müggelspree y llevar a los visitantes al Müggelwiesen en el otro extremo, desde donde pueden coger la bicicleta, hacer senderismo por el Müggelsee o subir a las colinas. El segundo ferry F23, un poco más grande y solar, lleva a los visitantes a Müggelhort y Müggelwerderweg. Ambos ferris realizan un viaje por hora en los meses de verano.

De Rahnsdorf a Nueva Venecia

Rahnsdorf no es solo un destino para excursionistas y ciclistas. También vale la pena ir para darse un chapuzón. En canoa, SUP o en una pequeña barca a motor puede navegar por los canales de Nueva Venecia, donde verá residencias vacacionales muy bien cuidadas y garzas reales que permanecen impasibles. A veces lo único que se oye es el agua salpicando en la proa. Cuando llegue a Müggelsee, es hora de darse un chapuzón y refrescarse. Y lo mejor de todo: si después de chapotear por el agua le entra el hambre, siempre puede volver al ahumadero del pescador Andreas Thamm, que tiene un atracadero especialmente para los navegantes.