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Berlín, en comparación con otras ciudades europeas, tiene una historia joven, con apenas 800 años de vida, pero única. En 1307 se fusionaron las dos ciudades fundadoras Cölln y Berlín. En 1701, tras la coronación de Federico III como rey de Prusia (como el rey Federico I) Berlín se convierte en la residencia real. Con Federico II (1740-1786) comienza la nueva reorganización arquitectónica de la ciudad y en las siguientes décadas surgen las construcciones clasicistas de Knobelsdorff y Schinkel, las cuales han definido su rostro.
En los años veinte floreció la vida cultural con las representaciones teatrales innovadoras, estrenos de películas llenos de glamour, varietés llenas de vivacidad; éstas y la incomparable vida nocturna de la ciudad son algunas de las razones por las que Berlín se convirtió en el centro de la "época dorada de los años veinte". Después de 1933, con la toma del poder de Hitler, se estableció la persecución de judíos, comunistas, homosexuales y cualquier opositor al régimen entre otros muchos.
Después del terror de la dictadura nazi y al terminar la Segunda Guerra Mundial la ciudad quedó reducida a escombros. El 13 de agosto de 1961 comienza a construirse el muro de Berlín, que dividió la ciudad y separó a sus habitantes. Los berlineses celebraron la caída del muro el 9 de noviembre de 1989. Desde entonces, aunque Berlín ha sufrido muchos cambios, entre ellos volver a ser la capital de Alemania, la ciudad no para de evolucionar.
El símbolo de la ciudad
El oso es el símbolo de la ciudad. Adorna su escudo y está presente en monumentos e múltiples souvenirs. Sin embargo, los osos del "Zoologischen Garten" y el "Tierpark" en Lichtenberg son los preferidos del público junto al oso Thilo que "presta servicio como oso oficial de la ciudad" en el Köllnischer Park.