Berlín sobre el agua

Berlín sobre el agua

¡Barco a la vista!

Schiffsrundfahrten – © Pierre-Adenis

La navegación fluvial en Berlín data del 28 de septiembre de 1298. Y es que, según cuenta la historia, esa es la fecha en la que el margrave Otto IV decidió imponer una aduana para los barcos en Mühlendamm. Se cuenta que, mientras él se sentaba cómodamente en la orilla contemplando con satisfacción cómo sus brillantes monedas se reflejaban en el agua, a bordo de los barcos solo había caras largas. Más de 700 años después, los barcos siguen surcando el río Spree, pero ahora los pasajeros sonríen desde la cubierta. Y es que descubrir Berlín en barco es una experiencia absolutamente fascinante.

Una cosa es cierta: Berlín no tiene mar. Pero, aún así, la metrópoli está rodeada de agua. De hecho, el número de puentes de Berlín es cinco veces mayor que el de Venecia: unos 2100. Los ríos Spree, Havel, Dahme, Panke y Wuhle atraviesan la capital y, junto con seis canales, suman más de 180 kilómetros de aguas navegables, además de los 150 kilómetros de aguas no navegables. Y para disfrutar de todo ese agua existen innumerables opciones.

Por ejemplo, se puede enrolar en alguna de las muchas compañías marítimas, pero como pasajero, claro. Así disfrutará de una visita guiada por la ciudad en barco de vapor. Y es que muchos de los puntos de interés de Berlín se pueden contemplar cómodamente desde el barco: el río Spree baja desde el casco antiguo de Köpenick entre el parque Treptower y la península de Stralau, por debajo del puente de Oberbaumbrücke para entrar después en el Nikolaiviertel, el barrio más antiguo de Berlín. Le siguen la Isla de los Museos, la Estación Central, la Casa de las Culturas del Mundo y el Spreekreuz, donde hacemos un giro de casi 180° para entrar por el Landwehrkanal y seguir hacia el puente Zoobrücke, Potsdamer Platz y el Urbanhafen.

Por supuesto, los capitanes berlineses siempre tienen una anécdota preparada para cada punto de interés. Sin embargo, lo más interesante es sin duda la perspectiva que se obtiene desde el agua. Ya sean construcciones históricas como la Catedral de Berlín u obras de arquitectura moderna como la Cancillería, muchos edificios adquieren una nueva dimensión cuando se observan desde el barco. Con una perspectiva nueva y el tranquilo reflejo del agua es como si la ciudad entera se desvaneciera; el tráfico, el estrés y las prisas desaparecen mientras se disfruta de una taza de café o de un cóctel en la cubierta. Un silencio embriagador en el centro de la gran ciudad.

El viaje en barco es, por supuesto, todavía más exclusivo cuando uno mismo es el capitán, para lo cual no es necesario ni tener un barco propio ni un carnet de patrón. Hay para todos los gustos: el kayak para los más deportistas o un yate, un barco a motor o una casa flotante para los que buscan comodidad. Entre el lago Müggelsee en el Este y el Wannsee en el Oeste le esperan innumerables aventuras. Si es usted mismo quien lleva el timón, puede anclar a su antojo en cualquiera de los más de doce puntos de atraque para barcos deportivos y descansar un rato.

El símbolo de la "ola amarilla" señala cerca de 70 embarcaderos, puertos deportivos, puntos de atraque, casas flotantes, casas de huéspedes y hoteles, lo que sin duda le ayudará a orientarse. Un ejemplo es el puerto Urbanhafen, a tan solo dos pasos del mercado turco de Maybachufer, o el atracadero de Schiffbauerdamm, muy próximo al barrio gubernamental. Y los aficionados al mar no deben dejar pasar la "Boot & Fun Berlin", una de las mayores ferias de barcos de Alemania, que se celebra todos los años en el mes de noviembre en el recinto ferial de Berlín. Si quiere acudir, el mejor lugar en el que atracar es Iburger Ufer.