La seducción diaria de la Currywurst
Un zumbido, un centelleo y el brillo del montoncito de ketchup y la Currywurst. El rótulo de neón en la fachada es la señal de identidad del "Curry 36", el local de comida rápida situado en el número 36 de la calle Mehringdamm, esquina con Yorckstraße, en el distrito de Kreuzberg. Durante las 19 horas siguientes, en tres turnos de trabajo, van a ser tostadas unas 600 currywurst. Y eso sin contar las salchichas Krakauer, las Krautwurst, las Bockwurst, las albóndigas Bulette, las brochetas shashlik o las patatas fritas. El día en "Curry 36" empieza a las 9 de la mañana. A las 9:05 h ya están hechas las primeras salchichas, a las 9:20 atraviesa la barra el primer café; para un taxista. A las 9:43 –quién lo creería– la faena se detiene para el primer descanso. Pero, en realidad, es la hora de los proveedores. Doce sacos de patatas fritas, filetes empanados y ketchup. Se atribuye a Herta Heuwer la invención de la Currywurst: el 4 de septiembre de 1949, en su local de comida rápida en la esquina de la calle Kant con la Kaiser Friedrich (distrito de Charlottenburg), ofreció a la clientela una salchicha hervida acompañada de una salsa hecha de concentrado de tomate, polvos de curry, salsa Worcestershire y otros ingredientes secretos. Los comienzos de una especialidad berlinesa. Desde 2003, se encuentra en el emplazamiento antiguo del local (hoy: Kantstraße 101) una placa conmemorativa en su honor. Aunque en el interior del "Curry 36" también es posible conmemorar físicamente la salchicha y su inventora: con la boca llena. Y así lo hacen muchos a diario. El cruce es un nudo del tráfico urbano: justo a la vuelta de la esquina están las oficinas del paro y de asuntos sociales. Los primeros días del mes se da una afluencia especialmente intensa. Aquí se mezclan taxistas y funcionarios, policías y camareros; siete días a la semana, siempre durante 19 horas al día, personas llegadas de todo Berlín peregrinan hasta este local. En el "Curry 36" hay Currywurst "mit Darm" y Currywurst "ohne Darm". Con "Darm", la salchicha se sala y se ahuma; sin "Darm": no. El ketchup extra cuesta 30 céntimos, las sabias palabras y los insultos amistosos son gratis. El ambiente es relajado. La gente se conoce. El "hombre de las albóndigas" lleva décadas viniendo, todos los días. Y todos conocen también la historia del millonario que no quiere comer solo. Hasta el mediodía, el terreno pertenece a los obreros de la construcción, el mediodía es de los empleados que trabajan cerca y a partir del mediodía el público se mezcla. Por la noche, cuando hace ya mucho que ha cerrado el otro local de curry famoso, el Konnopke de la Kastanienallee, apenas vienen más clientes que por la mañana. Pero ya no llevan prisa; ahora tienen tiempo. Y hacen más ruido. Los trasnochadores, por ejemplo, se colocan en las ocho mesas sin asientos para combatir el alcohol con calorías. A las cuatro en punto llega el último cliente, un taxista que ha conducido hasta aquí desde la Kudamm expresamente para disfrutar una salchicha en el "Curry 36". Se limpia, se amontonan platos de papel y pinchapatatas, se rellenan los botes de ketchup con un cubo y se vacía la grasa enfriada de las freidoras: se acabó la jornada. Es posible aún tomar la última justo al lado, en el Bier-Express. Dentro de tres horas, el turno de mañana ya estará volviendo a encender el letrero de neón, para que, como cada día, el brillo de la Currywurst nos seduzca. DK
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